En este ambiente de aguas salobres, una gran cantidad de microorganismos
decompone activamente los restos orgánicos existentes, liberando nutrientes que van
enriquecer los aguas costeros, los cuales son aprovechados por innumeras especies marinas,
lo que torna el manglar un del los ecosistemas
más productivos de la Tierra.
En la costa brasileña existen tres tipos de mangle:
mangle blanco,
mangle rojo e
mangle negro
(Siriúba). Estas especies poseen raíces providas de poros, que se proyectan para fuera del suelo pobre
en oxigeno y tienen capacidad de utilizar este gas directamente de la atmósfera. Además tienen glándulas
en las hojas, capaces de excretar el exceso de sal absorbido del suelo encharcado por agua del mar.
En las árboles del mangle las semillas germinan antes del fruto se desprender de la planta-madre de tal
modo que, al caer, ya presentan un embrión bien desarrollado, provido de pequeñas raíces
capaces de se fijar fácilmente en el suelo lodoso.
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