El mono carvoeiro
en
Carlos Botelho, el
amazona brasiliensis
en
Pariquera-Abaixo, el
jacaré-de-papo-amarelo
en la
Ilha do Cardoso y el
boto tucuxi marinho
en la aguas costeras de Paraty y
Isla Grande
son algunos ejemplos de la variedad de formas de vida en el Bosque Atlántico.
El lugar es también un refugio importante para el
jaguar
y el puma,
respectivamente el mayor y segundo mayor felino en el hemisferio oeste.
La
vegetación y flora
del Bosque Atlántico es exuberante. Con más de 450 especies/ha
en algunos lugares, la biodiversidad es mayor que en la
Amazonía.
Su estructura y composición varia conforme los
suelos
y las condiciones
climáticas
encontradas en un determinante gradiente
topográfico.
En cuanto los
campos de altitud
encima de 1.800 m, como en
Itatiaia,
están dominados por pastos, la sub-formación
altomontana
entre 900-1,800 m está caracterizada por una vegetación mixta,
como las famosas
araucarias
de
Campos do Jordão.
De 15 - 1.000 m ocurre la sub formación
bosque montano
con árboles gigantes llegando a 40 m de altitud,
el endémico palmito juçara
y muchas epifitas como orquídeas y bromelias.
Al nivel del mar, como en
Juréia-Itatins
ocurren
bosques de planicie
y ecosistemas asociados del Bosque Atlántico,
como
manglares
y
restinga.
Debido a procesos
geológicos antiguos
y
geomorfológicos recientes
que formaban la cordillera de la
Sierra del Mar,
los estuarios, ríos salvajes
y innumerosos saltos de agua , el lugar dispone de un valor paisajístico excepcional.
PETAR y
Intervales
protegen la mayor cantidad de cavernas calcáreas existentes de Brasil (300) y
en la
Serra dos Órgãos
escaladores encuentran algunas de las formaciones rocosas más desafiadoras del país.
Aparte de su belleza natural el Bosque Atlántico esconde algunos sitios culturales
significantes, como la histórica trilla de oro en la
Serra da Bocaina,
los pré-históricos
sambaquis
en
Superagüi
y las culturas
caiçaras
en
Ilhabela y
Juatinga.