El Bacharel, junto con otros europeos como Francisco Chaves, que también vivía en Cananéia,
facilitó la aproximación de los integrantes de la armada de Martim Alfonso con los indios,
y la obtención de informaciones sobre aquellas parajes.
Las aguas calmas y protegidas del Lagamar eran favorables para la atracción de las
embarcaciones y el preparo de las expediciones que partieron para el interior, subiendo
el río Ribeira de Iguape en busca de metales preciosos.
En la primera década del siglo XVII, Cananéia presentaba una razonable producción agrícola y
pesquera, funcionando como entrepuesto para suplir las tropas portuguesas que luchaban contra
los españoles en la Bacía del río Prata. Sus casas de harina estaban en todo lugar
y muchos productos entraban y salieron de la región y el movimiento marítimo era cada vez mayor.
Entre el Morro de São João y la embocadura del Mar Pequeno, fueron siendo construidos estaleros,
los primeros de Brasil, donde carpinteros provenientes de
Rio de Janeiro
fabricaban embarcaciones de alto calado, famosas por la cualidad de las maderas y por el
capricho de la mano de obra. En 1782, Cananéia contaba con 16 estaleros y había fabricado
más de 200 embarcaciones, muchas de ellas, para la exportación.
La pesca tampoco era mas suficiente para garantir la subsistencia de la populación y la caza
de baleas era una actividad en pleno desenvolvimiento. En la Isla del Bom Abrigo fue instalado
una armación donde eran obtidos productos resultantes de la caza de baleas francas.
Eran actividades muy importantes para el desenvolvimiento económico de la época, porque el óleo
resultante del proceso de aprovechamiento era largamente utilizado, siendo empregado en la
calafetagen de embarcaciones, como liga para el reboco de construcciones y también como combustible
para iluminación de casas y ruas.
Véase también:
São Paulo - Curitiba (tour con guía)
São Paulo - Curitiba (mapas en CD - Rom)