La dimensión de
la fiebre de oro y de la demanda de trabajo que se inició a continuación
es difícil de describir. Aventureros de todas las nacionalidades
y clases se movían a las minas. Los Esclavos africanos fueron trasladados
de las plantaciones de azúcar de Bahía y nuevos esclavos
fueron importados de África.
La capital fue transferida
de Salvador a
Rio de Janeiro.
Para abastecer la demanda
de alimentación de los “Garimperos”, los
criadores de ganado condujeron sus rebaños de los pastos
cultivados en el sur (“Campos Gerais”) sobre miles
de kilómetros a los distantes campos de exploración
en el centro de Brasil. Era el tiempo de los grandes transportes
de ganado, el “Tropismo".
Más de 1.000 toneladas
de oro, lo que correspondía al 80% de la producción
mundial, fueron explorados en esta época de las minas.
Se transportaba el oro encima de burros atravesando las matas
indómitas de la Sierra de la Mantiqueira y
Bocaina
hasta el puerto de
Paraty. La riqueza de esta
época era inmensa.
Hoy las riquezas desaparecieron
y lo que quedó es el arte. Aunque en otros países
de Latino América se encuentran ejemplos de arquitectura
colonial, las ciudades históricas de Minas todavía
preservan un carácter que no se encuentra en ningún
otro lugar más, tampoco en Brasil.
Las ciudades históricas
deben la gloria de su arquitectura barroca a Antonio Francisco
Lisboa (1738 - 1814), uno dos artistas más creativos
de esta época. El pueblo lo llamó “O Aleijadinho”
debido a la enfermedad lepra que le obligó a realizar
gran parte de su trabajo encima de sus rodillas. Se considera
el Santuario “Bom Jesus de
Congonhas do Campo
una de las obras-primas de Aleijadinho. Tanto el Santuario como la
ciudad de Ouro Preto fueron declarados
Patrimonio Mundial
por la UNESCO.
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